Lo hermoso de esta película no es solo su animación que te vuela la cabeza o su banda sonora perfecta a cargo de Radwimps; lo que realmente te atrapa es el sentimiento de la búsqueda. Makoto Shinkai captura con una sensibilidad increíble esa melancolía tan humana de sentir que nos falta algo o alguien, aunque no sepamos qué es, y la necesidad desesperada de aferrarnos a los recuerdos antes de que el tiempo los borre.
Mitsuha y Taki no solo intercambian vidas, construyen un puente a través de la distancia y el tiempo. Es una película que te hace reír con la torpeza de la adolescencia y, cinco minutos después, te tiene con el corazón en la boca, cruzando los dedos para que el destino les dé una oportunidad.








